je20

[Repositorio con material para un Trabajo Final de Grado. Todas las referencias software/hardware deben ser entendidas como teóricas o de ámbito experimental] => Sistema operativo para aldeas provincia de la Aldea Global. Provee funcionalidad para la gestión de civilizaciones de bots.

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Álex

Tarde de verano. Islas Canarias. Álex en tumbona; bungalow; radio, libro, tablet; sofá, amaca, tumbona. Su misión, de hoy, desde hace ya dos cuatrimestres, hasta finales de curso: el trabajo final de carrera. Alex mantiene una agencia de soporte help-desk y distribución de soluciones de código abierto. Sin oficinas ni almacenes; exclusivamente tejido empresarial cibernético. De muy bajo perfil. El grueso de sus jornadas, desde hace ya cinco años, lo ocupa la carrera, ingeniería de sistemas. El ocaso baja el telón, Alex suelta el cuaderno, mueve algo de intendencia, cocina sin ornas, lentamente arrecia la velada del 14 de julio de 2022. Se sienta a cenar. Mesa cuadrada, de cuatro, en estancia aséptica. Silla de madera y mimbre, mantel a cuadros rojiblancos, vasito de mosto, acelgas con patatas, aceite de oliva primera prensada, sal del Tibet, pan de hogaza. Un foco led de 5W en el techo, penumbra blanca. En una esquina de la mesa, sobre la pila de documentos, las tapas del cuaderno en el que Álex trabaja el capítulo cuatro de su TFC. Entradilla:

El cuaderno “Y se hizo la luz, dos punto cero” que subtitula “O de un génesis del reino digital” es la entrega número cuatro una serie total de ocho cuadernos conformantes del trabajo final de carrera del aspirante Álex Santomé. Fue escrito durante y mediante el segundo cuatrimestre de 2022.

Mantel sacudido, doblado y encajonado. Sillas apartadas y suelo de la mesa cepillado. Cazos, platos y cubiertos escurriendo. Luz del comedor apagada, Álex en la cama, luz led de 1w en la frente, periférico de su casco multimedia, con la espalda y el respaldo noventa grados. Colcha de hilo basto. En los muslos, las carpetas del cuaderno. Música sinfónica europea en el hilo musical. Un lápiz en la oreja, el capuchón de un bolígrafo mordisqueado. Álex, bostezando, reapila documentos, los baja de la cama. Se estira. Se tapa. Se quita el casco. Se duerme. En la vigilia, todavía recuerda:

Este cuaderno toma cuatro axiomas (ramas) para: uno, describir un mundo; y, dos, alumbrar vida. Queda fuera del alcance de esta obra resolver la idoneidad o falta de rigor de usar vocablos como mundo y vida; debiéndose resolver si los seres así alumbrados en ese cierto mundo son “subcojunto” o “superconjunto” de los mondantes y lirantes en el reino biológico.

Las ramas uno y dos forman una esfera, dos hemiferios, físico y lógico, abajo y arriba, a modo de mundo. Mundo digital o virtual o cibernético; términos si no sinónimos en detalle seguro sí análogos a brocha gorda.

La rama tres extiende sus hijas en la Nada; con objeto de responder a la sempiterna: ¿por qué el Todo y no la Nada?

Mientras que la cuatro florece cúmulos de “instancias” y las provee de libre albedrío.

Álex sueña un corto bucle en el que primer aparece él centrado en la escena, de joven, luchando analógicamente, y haciendo los primero pinitos con la web, como un ajedrecista novel tratando de encontrar material publicado sobre aperturas. La segunda parte, dos décadas y media después, le tiene igualmente en la escena, pero mayor, y usando, por ejemplo, chess.com como plataforma de aprendizaje. El subconsciente de Álex está, a mi juicio de narrador fuera de ámbito, representando la idea de digitalización o de la mayor consecuencia de la revolución industrial: desde el punto de vista de los materiales pedagógicos, el proceso educativo se acelera, permitiendo mayor conocimiento en el mismo tiempo. Nunca se puede generalizar a la hora de hablar de un individuo aprendiendo. Pero resulta evidente, o, al menos, al subconsciente de Álex se lo parece, que andar analógicamente buscando libros aquí y allá, buscando artículos o crónicas aquende o allende, en definitiva con el conocimiento desperdigado en mil fragmentos, el aprendizaje resulta lento y tedioso mientras que, por digital, llegar a un portal y tener clasificado el árbol completo de aperturas que hasta la fecha el libro recoje, fácilmente navegable con una UX o experiencia de usuario más que excelente, comentadas al milímetro y ponderadas a la décima. Como sea, Álex, o su subconsciente, le ha hecho soñar ese bucle que compara los aprendizajes del árbol de aperturas de ajedrez disponiendo de únicamente materiales analógicos o de también disponerlos de digitales; para él, resulta claro que se desvanece la figura del maestro o profesor como agente gestor de materiales pedagógicos para cubrir itinerarios curriculares en este aprendizaje dos puntos cero, o aprendizaje digital. Así es que Álex, dormido, observa como su subconsciente apaga el bucle que venía mostrándole como trama del sueño cambiándolo por unos fragmentos suspendidos en el éter que el informático vió por la tarde en televisión. En el informativo, un breve titular de unos segundos entremetidos en la sección deportes entre internacional y el tiempo, el actual Campeón del mundo de Ajedrez, Magnus, tras derrotar al último aspirante, Ian, vuelve su mirada ante la prensa hacia el nuevo aspirante, niño prodigio, Firouzja; un estudiante de ajedrez nativo digital que aprendió, precisamente, con este método: concentración digital, motores de análisis y desvanecimiento del maestro humano.

El inconsciente de Álex acaba de cortarle el grifo a su subconsciente. El sueño está avanzando de fase y las ondas cerebrales van relajando su frecuencia y deteniéndose. El subconsciente sabe que debe detener su emisión de recuerdos, sueños y pensamientos; así que toma una despedida liviana y sencilla, muy conclusiva a esto anterior del nuevo aspirante a campeón del mundo como un nativo digital. Simplemente, hace que Álex vea en su sueño un monstruo, el primero que intentó destronar al ajedrez humano con visos de conseguirlo. Álex leyó en la entradilla de la Wikipedia:

Deep Blue fue una supercomputadora desarrollada por el fabricante estadounidense IBM para jugar al ajedrez. Fue la primera que venció a un campeón del mundo vigente, Gary Kaspárov, con un ritmo de juego lento. Esto ocurrió el 10 de febrero de 1996, en una memorable partida. Sin embargo, Kaspárov ganó 3 y empató 2 de las siguientes partidas, derrotando a Deep Blue por 4-2. El encuentro concluyó el 17 de febrero de 1996.

El inconsciente de Álex extrae el punch line de esa ristra semántica y lo resume como: “Magnus Carsen, de confirmarse que Firouzja es el nuevo aspirante, volverá a jugar contra la máquina”. El subconsciente de Álex intentará refutar cosas como que Magnus ya es un poco digital también y que la mayor parte de su entrenamiento se realiza con máquinas con argumentos sobre la pureza digital en el sentido que la infancia de Magnus, si bien fue digital, todavía lo pre-digital en comparación con Firouzja; quien, desde el principio, tuvo a la máquina como maestra. Está claro que cuando este aspirante juegue contra el actual campeón, estará jugando en nombre de la máquina (aunque, como humano, pueda serle poco fiel) El inconsciente de Álex rechazará estas refutaciones, guardará en la memoria el titular para que forme parte de lo “conocido”, desconectará al subconsciente, y dejará el interior de la mente de Álex a oscuras, y en silencio.

Martín Santomé

Noche de verano. Península Ibérica, Madrid. Martín y Lara, al compás, apagan sus respectivas lámparas. En una casi perfecta oscuridad, se reacomodan la sábana, a los pies, rectángulo perfecto, la colcha recogida. Dos últimas luces todavía colorean el dormitorio. Las pantallas de sus respectivos móviles. A lado y lado, en cada mesilla. En la de Martín se proyecta el mensaje de buenas noches que Álex ha enviado antes de caer rendido. En la de Lara (lleva puesto los auriculares de botón inalámbricos) el reproductor de audio: nina dorm de Roger más.

El último pensamiento de Martín, dejándose adormecer conectado al aura de Lara, por la segunda ley de la termodinámica, regulando sus temperaturas bajo la sabana, es para el TFC de su hermano pequeño. Por mucho que intenta no consigue cuadrar las cuentas.

Una terrible sensación exotérica le vela cualquier explicación que su hermano le intente transmitir sobre el cardinal Aleph Software. La preparación y el coleto y el soporte cultural de Martín es eminentemente analógico, físico, químico. Cumplió cuarenta y dos años, trabaja en multinacional de automatización, Lara y él crían un varón ahora paveando en la adolescencia. En el entendimiento de que Álex le ganó por la descripción, también, del cardinal Aleph Hardware, así, asume la necesidad del Aleph Software, por mucho que la concepción de tal conjunto le parezca cabalística.

A finales de año, Álex y Martín, reunidos en la casa familiar, olivares en Andalucía, habían salido a pasear las eras, a la del alba. Aquella mañana el hermano menor intentó, nuevamente, explicarle al mayor qué era eso sobre lo que armaba su TFC. Martín recuerda esta anécdota porque acabó especialmente fuera de sus casillas. Hasta la fecha, Álex no contaba con el torrente de experiencia suficiente para defender sus intenciones. Y, sin embargo, aquél solsticio de 2021 ya se encontraba muy turgente. Con tal fuerza que Martín recibió una cantidad ingente de información, sin dejar nunca de caminar, montículo arriba, montículo abajo, bordeando el pueblo, o alejándose entre olivos y tierra seca. Al cierre, de regreso, con ya los zapatos llenos de polvo, entrando por la calle, pisando el primer asfalto, Martín le exige titular, en corto, en consciso, en mínimo: “Exactamente,..” el hermano mayor apoyará un mano en el hombro y mirará fijamente al menor: “¿de qué va tu TFC?”. Álex, aceptando el envite, cuadrándose y en balanceado reposo, devolviendo la mirada defenderá en una oratoria correcta, moderada y formal todo aquello necesario y menester para responder la pregunta. Martín, nuevamente, oirá una maraña de palabras indistinguibles, inefables; volviendo a arrojarse al exterior de sus casillas.

Lo que Martín entiende bien es que un circuito cerrado se abre cuando separas el contínuo por algún punto; con un actuador o con un sensor. Entiende que si mezclas amarillo y azul obtienes verde. Que si decantas una disolución puedes separar lo sólido de lo líquido. Este ingeniero de automatizaciones trabajando full remote a régimen de cuarenta horas semanales, vacaciones pagadas y seguro médico, deja de entender allí donde hay que resolver si la Gravedad es o no un Gravitón. Es decir, si la Teoría General de la Relativad hace buenas migas o parte peras con la Teoría Cuántica. Martín piensa de sí mismo que “entiende” cosas y que si no consigue entender la concepción de Aleph Software que Álex trata de explicar será o bien porque el muchacho no se expresa con suficiencia; o bien porque las cosas de las que habla se extienden allende la idea posible o no de Gravitón. Entiende que si a un cuerpo le privas del reposo experimentará de una fuerza de atracción tal que g (nueve coma ocho en la Tierra) provocándole una caída libre con aceleración calculable. Esos casos sí los entiende Martín.

Pero, amor de hermano, opta por lo segundo y, nuevamente, mano al hombro, mirada fija: “Bueno, de acuerdo. Pongamos ejemplos. Concretos. A ver…, al azar, el cuaderno cuatro. Dices que lo conforman ocho. Centrémonos en el cuarto. ¿De qué va? o, mejor, ¿que pondrá?”. Álex recibe el envite con agradado y displicente actitud de estudiante al que le preguntan la lección. Envarándose, se prepara para recitar las tablas de multiplicar o el abecedario o la lista de las preposiciones: a, ante, bajo, cabe… Y recita:

Comprende cuatro ramas gametogenésicas, si se acepta la homeomorfía y se comparan, entre el territorio genético y el digital, las razones de “creación” y “crecimiento” genéticas con la digitales. Estas cuatro ramas considérense hebras entrelazándose gensíacamente tales que depósito de información para vertebrar la vida; analogía con el A.D.N./A.R.N. genético.

Este cuaderno enumerará los elementos primordiales de tales cuatro ramas. Detallará sus casos y cosas esenciales. Y rematará proponiendo aplicación práctica proveyendo de arenas y aguas con qué fabricar algunos bloques de barro digital; en posesión de materia prima, se podrán moldear algunos autómatas digitales y, luz dos punto cero, se les insuflará un aliento de esa luz gnoseológica.

El cerebro, en la rama uno, es la Placa Madre. Es decir, un sistema nervioso capaz de esparcirse en un “cuerpo” para comunicarlo, a impulsos, con una “mente”. En el mundo digital la materia se agarra a la esfera física a través de elementos del conjunto infinto Aleph Hardware. Las Placas Madre son un elemento del conjunto Hardware. Hay muchos otros.

Nótese que Aleph Hardware se escribe aquí como neologismo. Y, en este cuaderno, se abunda justificación. Suscintamente, a modo de exordio, así como Aleph Cero es el cardinal del conjunto infinito de números Naturales; así como Aleph Uno es el cardinal del conjunto infinito de números Reales; así, neologismo, Aleph Hardware es el cardinal del conjunto infinito de dispositivos físicos; y, por ende, Aleph Software es el cardinal ídem de las aplicaciones o procesos lógicos. Fuera de la dificultad que hallamos en enumerar el conjunto Hardware, las Placas Madres son concretas, físicas, deterministas y constituyen la rama gametogenésica principal. La segunda rama es, a su vez, la segunda etapa de un total de tres. Estas tres etapas dogmatizan sobre el isomorfismo entre el conjunto Hardware y el Software. La rama 1 provee un mundo y con la rama 2 aprendemos sus leyes físicas y químicas, si se permite la homeomorfía con el mundo analógico, e implementamos la unidad funcional o, homeomorfía con Animalia, la “unidad” cerebro, del mundo digital: la unidad de control de proceso.

Los dos últimos párrafos de la perorata de Álex forman parte de la realidad, ocurrieron en verdad; sí sucedió que llegando a la casa familiar Álex le recitó eso a su hermano mayor. Pero estos no forman parte del recuerdo de Martín que se durmió cuando en su pensamiento se recordaban las palabras: “… luz dos punto cero, se les insuflará”.

Marie

Son las siete de la tarde. El equipo de creativos, son cinco, reunidos con el CEO de la agencia en su despacho. Al día siguiente, a primera hora, se enseña a cliente. Ensayo general, Marie pide silencio, pide posición, pide cámara y ordena acción. El spot dura veinte segundos, es un anuncio para televisión. El producto: Jardín del Edén 2.0; el bien de consumo: Un hub basado en Rasperry que contiene un jardín de hedén con tres bots: Adán, Eva y una Serpiente.

Publicista 1: Sostiene un DinA3, una habitación de juguetes, en el centro, bajo foco, el juguete estrella: JE2.0… escenario.

Publicista 2: Sostiene un DinA3, un salón, en el centro, bajo foco, el electrodoméstico estrella: JE2.0… escenario.

Publicista 3: Sostiene un DinA3, una oficina, en el centro, bajo foco, el artefacto estrella: JE2.0… escenario.

Publicista 4: Sostiene un DinA3, una escuela, en el centro, bajo foco, la pizarra estrella: JE2.0… escenario.

Publicista 5: Cuatro muñecos, cuatro actores. Un niño jugando. Un adulto tomando té en el salón. Un oficinista y un profesor. Coloca cada muñeco delante del cartel correspondiente.

El publicista 1, recibiendo su muñeco, lo toma y se dispone a narrar su frase. Los otros tres se preparan de igual forma. Marie alza el brazo, pide cortar. Afirma que es buena. Pide trasladarse a la mesa de reuniones. Recogen bártulos y salen de su despacho. Marie preside la comitiva.

En la sala de reuniones una larga, rectangular mesa se extiende en el medio. El ornamento para la reunión de exposición del día siguiente está listo. Sobre ella,Delante de cada puesto, una caja debidamente decorada para la ocasión con el producto estrella: el JE2.0, junto, un dosier, algún atrezzo comercial, etc. Tres puestos en un extremo para la representación de cliente y cuatro en el otro para la agencia. Marie se instala en su trono, pide asiento a los publicistas que presentarán, toma el paquete, extrae el contenido con cuidado y lo muestra. Es una cajita negra. Dentro tiene la RPi. Hay también un cargador. Un cable Ethernet. Un cable USB. Hay Jummpers cableados. Una tarjetita con direcciones: una http y otra bluetooth.

Los tres publicistas que la acompañarán mañana han tomado asiento. Marie queda quieta un momento, oteando con incredulidad el producto, esparcido en su mesa. Una caja negra y un puñado de cablecitos. El anuncio consiste en presentar un producto que puede ser, a la vez, un juguete, un electrodoméstico, uno industrial o uno didáctico. Para eso cuatro escenas, en cuatro escenarios, con cuatro perfiles de usuario. Se les muestra usando el producto. Marie levanta la vista y se pone en pié. El publicista uno ha cogido el mando y aguardaba orden de enviar la petición de reproducción al proyector. El publicista dos había ordenado su discurso dejando arriba visible el guión en la página uno, frase uno, palabra uno; y aguardaba orden de iniciar la lectura. El publicista tres, con el producto delante de él, en la caja, coloca el manual de instrucciones en un lado, derecho, vertical, con la portada hacia el extremo donde estarán los clientes; aguarda orden de iniciar la demostración. Marie ordena descansar, y romper filas. Un murmullo, la directora de la agencia anuncia que se rinde, que no lo ve, que ese producto no es vendible, que cancela, que suspende, que anula. Ordena, de nuevo, romper filas. Los publicistas inmóviles, tres sentados y dos escorados en las esquinas, quedan petrificados. Marie abandona la sala de reuniones y se encierra en su despacho.

Ya en su escritorio, busca el contrato del anuncio, lo rompe en mil pedazos. Presiona el botón del telefonillo: “Lara, me pasas con FEBER? Voy a pedirles cancelar el proyecto del Jardín Edén 2.0…” aguarda un instante. Lara, “Help-Desk ha confirmado la sesión, te paso…” Marie interrumpe: “¡No, no! Esta vez necesito hablar con alguien de arriba.” Lara titubea, obedece: “Comunica. Te paso la llamada cuando contacte”. Marie, “Gracias.” Relaja el botón. Se desploma en la silla. Suspira. Queda chafada.

Álex

Marie acaba de pedir teleconferencia. Álex la rechaza. Ella envía mensaje: “¿Cómo estás? ¡Me siento como el culo!”. Él, emoticono dedo arriba, emoti palmadas, emoti admiración x 2, emoti pregunta x 5.

Ella: “Cosas del curro..”; él, emo cara triste. Ella: “Un invendible. Me caigo en el último minuto. Meses de trabajo a la basura.”, él, emo ciclista pedaleando. Marie, esperando que le contacten con el cliente, para anunciarles que cancela, chafada en la silla, ve en la pantalla los mesajes de Álex. Vuelve a darle a iniciar videollamada. Su hermano vuelve a rechazar. En su lugar envía una imagen. Ha tomado una captura de imagen de su sobremesa, donde aparece un editor de texto y él editando. En grande, título, “cuaderno cuatro, Y se hizo la luz, dos punto cero”… más chiquito, subtitula “O de un génesis del reino digital”. Álex copia el texto y lo manda por mensaje.

En la imagen, cuarto cuaderno de la serie. Cuatro ramas:

La rama uno que pertenece al Aleph Hardware junto con la rama dos que pertenece al Aleph Software, al acoplarse, dos hemisferios, abajo y arriba, forjan una escena liminar, que conecta dos dimensiones distintas, la física y la digital. Una esfera de “proceso” compuesta de un reloj que, infinito, dispara “instrucciones”. Compuesta de una “memoria” capaz de guardar a parte de “instrucciones”, también, “datos” digitales. Parangón del cerebro: una Placa Madre como sostén de la materia gris y una Unidad de Control de Proceso como mente.

Las últimas dos ramas están hermanadas como, hijos de Rea, Hades y Poseidón. Estrictamente lógicas, subconjuntos de Aleph Software, una habla del “dato” y de su “tipo” y de su “estructura”; mientras que la otra habla del “objeto” y de su “programación”.

Marie recibe imagen y texto y comprende. Álex intenta transmitir que está ocupado con su TFC. Que no puede ponerse al teléfono. Un emocional le brota, con las texturas del querer entre hermanos y sus balances. Pero suena el interfono, Lara le quiere pasar al cliente. Iergue la espalda. Se instala el casco telefónico. Imagina que su kundalini, su serpiente de siete vueltas, ha serenado un equilibrio energético estable. Marie orienta su tercer ojo al tema de la llamda; ordena: “¡Pásamelo!”.

Álex ha encargado el trabajo a la agencia de Marie. Un poco como cosa de juego, incluso, serio, de adultos. Marie va a descubrir en este preciso instante quién es el cliente. Un Jardín del Eden 2.0 ha recibido una llamada, esa de la agencia de publicidad. Ahora, ante la insistencia, la han derivado, instancias arriba. Le suena a Álex. Toma el casco de comunicaciones. “Le habla el CEO y TEO de FEBER, ¿en qué puedo atender?”… Marie reconce la voz de su hermano. Helada, freeze. ¡Será mamón! piensa. ¿En serio?, se retuerce de rabia. Y, sin embargo, la presión por la mala noticia, llamaba para cancelar, se esfuma. Queda sin el gran peso. Busca en sus cajones el dosier principal del proyecto. FEBER le encargó un spot televisivo para su producto Jardín Edén 2.0, se trataba de una versión de asistente personal conjugando capacidades lúdicas, domésticas, industriales o pedagógicas. Un gadget al uso con mucha brecha de mercado en estos tiempos de multimedia transversal. ¿Qué podía salir mal? Era un producto fácilmente vendible. ¡Qué sorpresa, entonces, para Marie, explotar en la sala de reuniones minutos antes, al límite, en el filo de la carrera! ¡Invendible! Marie sigue muda al hilo telefónico. Álex aguarda en el otro extremo. Su hermana toma el dossier, abre a primera página, relee, recordando, la reseña germinal con la que todo empezó. El primer corto o short que el cliente enviaba para describir el producto…

Siendo que el mundo digital eleva artificialmente emergiendo “instancias” que podríamos adjetivar como “vivas” o, al menos, virtualmente vivas, o, específicamente, cyber vivas. Siendo que estas “instancias” son vidas concretas (con instanciación y destrucción) en el sentido de línea temporal cronológica desde un punto “nuevo” a un punto de nada o “null”. Siendo que por la programación y la estructura de datos estas instancias cargan potencia semántica. Siendo, por ende, capaces de instalarse en el medio como agentes; es decir, participan de la totalidad como sujetos capaces de lanzar o ejecutar modificaciones en el entorno. Siendo que las instancias se insuflan de luz digital a partir de semillas o de espermas “Objeto”. Y siendo que un “Objeto” es de un “Tipo”, como en el ADN, cuatro tipos comunes: Tinina-Guanina-Adenina-Citosina. Y su carga semántica radica en la estructura de su dato. Así definida la hélice genética, concluyendo la homeomorfía, así su comportamiento en vida.

Finalmente, aliviada, Marie, al teléfono: “Eres un imbécil. ¿Quién va a pagar esto?”… Álex, ya sin caretas, “Tranquila, te abono el proyecto, aunque no se entregue. Eso sí, doblamos el plazo de entrega, me entregáis el anuncio en unos meses; por supuesto, con un descuento.” Marie, aceptando mímicamente busca su momento para hacerlo verbalmente, “Ni que decir tiene.”… Álex, coinciliando, insiste: “ Me haréis un generoso descuento…”, se despiden bromeando con los personajes, la obra y su propia relación fraterna. La conclusión es que Álex cree en su producto y está buscando darle vida; y que a Marie le costaría vender algo así pero que lo seguirá intentando. En esos términos es fácil que ambos cuelgan sus llamadas templados y conformes. Regresando a sus qué haceres. Regresando a su cotidiano.

Reunión 1 IC2

Martin querrá mostrar la tabla single/multiple instruction/data.

Estará pugnando con Álex en cuanto las cuatro combinaciones posibles en la tabla de arriba son potencia de paralelismo. Esa condición de ruptura de lo secuencial abriéndose al paralelismo es, para Martín, el colmo, un quicio, un fin de tierras conocidas. Álex es nativo digital del paralelismo y lo secuencial le supone un axioma intrínsico a modo de viejo mundo. Se considera descendiente de arcaicas y luego clásicas y luego modernas y luego contemporáneas formas, las integra, las trasciende y emerge, asimultáneo como hombre de su época.

Martín querrá abrir un simulador ASG. Querrá escribir, compilar y ejecutar ensamblador.

Los registros y las instrucciones, alejados en el lenguaje de alto nivel llegan para Álex como Datos. Martín quedará ahí, en esa linde, y no entenderá que se le hable de ulterior operativa del despliegue del Aleph Software. Álex querrá tipar el dato. Y no solo querrá tiparlo. Además, sin que Martín ya le siga, querrá estructurarlo. Así formado un caldo de cultivo primigenio, Álex querrá agrupar organismos como Objetos. A estos Objetos querrá insuflarles alientos de luz, una luz digital, para que instancias nazcan (y mueran) y vivan vivencias. Formará conjuntos de datos. Y moverá los datos en conjunto por colas o listas o pilas. Moverá los datos dentro de unas carreteras de algoritmia. Y así estos datos, si tipados y estructurados, si conformados en objetos, si intanciados en tiempo de ejecución, vivirán algoritmos de sucesos sucedidos asíncronamente.

Simulador, desenrollar el bucle, ensamblador.

Reunión 2 POO

La distancia entre la material (sic., femenina) y, de existir, la idea, es infinitesimal. No cuantificable pero si ordenable; a razón de los transcardinales Aleph. La distancia entre un mundo terrestre y un mundo de las Ideas platónico es infinita. Quizás el cuerpo, como placa madre, se deba a una cuestión material; mientras que la mente, como proceso, limitada por la placa madre de donde surge, estrictamente condicionada por ella, quizás se deba a una cuestión de ideas. Por eso la necesidad de introducir dos nuevos transcardinales Aleph. Álex cree eso, lo postula lo defiende en su TFG. Esta mañana se enlazó vía teleconferencia con Marie para trabar en el anuncio. Una de las pugnas más candentes en el mundillo devOps es sobre la conveniencia o no de tipar Javascript; con opciones de tipado como por ejemmplo la que ofrece Microsoft con Typescript. Una pugna similar ocurría a finales del siglo pasado en las academias de humanismo. Las consideraciones sobre un sistema de economía mundo muy visible en el planeta sobre todo a partir del cúlmen de la última gran guerra, conforman, si se traza la homeomorfía entre el territorio de las finanzas y el informático, una forma clara de tipado.

Nótese, vía la escuela de Salamanca (y alrededores), a las escuelas Austríaca y Clásica, acabrá siglos después en las salas de formación de las empresas de donde salieron los Chicago Boys, la formalización para el uso del sistema de economía mundo. Por eso arriba indicábamos la pugna en las academias de humanismo nacidas en la última de las grandes mutaciones o fulcro histórico. Decimos, madre de todas las tecnologías, la II Guerra Mundial supuso la instauración de un modelo ecónomico de alcance, previa definición, de Aldea Global.

Voces, sobre todo expresadas en forma de Opinión Popular desde los micrófonos y cámaras del cuarto poder, el mediático; clamor popular que reinvidica el uso de un lenguaje sin tipar, o máxime, puesto que se le reconocen beneficios al sistema, de tipado débil. Y, al revés, la concepción de impuestos, tasas y demás recaudación de la hacienda estatal, de nuevo, un tipado, que vertebran las consabidas bondades de usar lenguajes tipados frente a la carga impositiva de cargar con los tipos en el día a día del desarrollo. Marie desconoce estas pretensiones de Álex. Él las carga en la mesa del despacho de su hermana. Una pizarra ante ellos, hombro a hombro, trabajando en el anuncio, sirve de punto de encuentro entre ambos. Él debe sintetizar esas nociones de necesidad de dos Alephs nuevos dentro del ámbito matemático en su región de teoría de conjuntos; sintetizar esa fluidez no tipada con esa otra fuerza ontológica que ofrece lo tipado; en definitiva, su misión es explicarle a la publicista argumentos de ventas como que Jardín del Edén 2.0 es un producto que justifica su razón de ser en el mercado a partir de una esencia destilando materia comprendida entre el Aleph Hardware y el Aleph Software; y que ofrece una “placa madre” (en un dispositivo hub o “conector” multientrada) donde corre una “placa padre” si se permite el neologismo en la que 3 bots gestionan la permanencia en standby en el jardín (el bucle empieza cuando la serpiente tienta a Eva, continúa con ella tentando a Adán; y termina, o sigue, con la decisión de él de comer o no la manzana.) o, la gracia del juguete, que es electrodoméstico y, también, maquinaria industrial y/o educativa, el chiste sería que se “encienda” y esto implicaría que el usuario ordene a Adán morder, estos caigan al mundo, se vean las vergüenzas y queden a disposición del usuario para hacer lo de procrear y extenderse.

El Jardín del Eden 2.0 es un Hub que emula un asistente personal. Existen tres bots. La trama del bucle principal consiste en que el bot Serpiente tienta al bot Eva para que Adán coma la manzana. Eva tienta a Adán. Este es el punto de interacción de entrada. Si Adán no come, se regresa al inicio del bucle. Si sí, se despliega una manzana. Adán y Eva quedán desnudos, embrión para espacirse y colonizar la escena.

Álex está de subida porque ha terminado la Aplicación para navegadores y móviles que sirve como una de las interfaces a Jardín Edén 2.0; Marie sufre las interferencias en la comunicación porque su hermano está superexcitado. Trata de frenarlo, abriéndose paso en su discurso, para captar las ideas principales que puedan interesarle al consumidor. Marie ve posibilidades en caracterizar a los 3 bots al gusto, ofreciendo temas que no traten actores vinculados a la religión. Como sea, este punto de partida, entiende, no es el meollo de la cuestión. La potencialidad del producto viene con la caída de los personajes desde el jardín. Inicio de la ramificación.

Quedan cinco minutos para levantar la sesión. Esta reunión se produce un trimestre después de aquella otra “fecha de entrega” en la que Marie descubrió que, en realidad, tras FEBER, quien estaba detrás era su hermano. El producto cada vez está más definido. Marie ya es capaz de imaginarse a una familia en una casa usando este JE2.0 junto a Alexa, Siri, o GoogleOk. Las dimensiones del dispositivo, su integración en el ambiente, el coste de mantenerlo arrancado (en el peor de los casos que no se usara), alimentado con 5V 1A, son puntos fuertes de fácil inclusión en el anuncio. La publicista entiende que un punto negro podría ser que el producto se estuviera adelantando a su tiempo.

Una definición de consciencia, y hemos apartado el foco de las miasmas de Marie entrando dentro de las de Álex, prodría ser como un proceso capaz de gabar histórico. Y, una definición de inteligencia podría ser como un proceso capaz de leer y reaccionar a históricos. Así, Álex trata de formular una determinación de tan hondos e inefables conceptos como son los duramente escarbados por milenios de tradición humana de “conciencia” e “inteligencia” formulando un agente que registra en un histórico y otro que lee, interpreta, reacciona. Dejándole con esas formulaciones, a buen seguro acabará escribiéndolas en algún punto del texto de la tesis, extraemos el foco y lo devolvemos al interior de miasmas de Marie. Nótese, habíamos congelado el hilo narrativo de su divagar y, recuérdese, la publicista entiende que un punto negro podría ser que el producto se estuviera adelantando a su tiempo.

La estrategia en tal caso, debería ser idear una campaña publicitaria de bajo nivel muy dilatada en el tiempo. Ejemplo de esto, según la opinión que Marie se ha formado del JE20, uno de los casos de usos del producto, en el que la familia usa el asistente para crear un equipo de bots mayordomo. En el caso, una vez, sus Adanes y Eva han caído del Jardín, los dos primeros bots, ordenar al dispositivo que los fundadores inicien la procreación, generando el escuadrón de autómatas al gusto. Aquí el broche comercial estribaría en que los electrodomésticos fueran renovados introduciendo unos nuevos capaces de conectarse al JE20 y recoger el “alma” en forma de bot que los anfitriones le tienen reservado. En la última charla de TED al hilo de esta reunión entre Marie y Luis, finales de abril de 2022, un acaudalado superempresario pronostica 2030 para la fecha en la que los robots, antropomorfos o no, estarán listos para unirse al elenco de electrodomésticos que los ciudadanos disponen en oferta para decorar sus hogares. Tal superindustrial añade en la charla TED que el coste de esta maquinaria siempre sería, en el peor de los casos, inferior al precio de venta al público de un automóvil; entre 15.000 y 50.000 dólares como rango. Otra de las ideas fuerzas que expone en la charla es que el mundo debe resolver la Inteligencia Artificial y la Visión Artificial para que tal pronóstico pueda cumplirse. No sabemos cuánto de inteligentes saldrán de fábrica estos artefactos y como de programables serán al llegar al hogar. No sabemos si vendrán educados de fábrica, si tendrán personalidad o si deberán ser orientados. Como poco, en este punto formulativo, el JE20 es un dispensador de almas para robots. Marie acaba de suspirar hondo, soltando todo este pensar. Lo zanja, si el JE20 tuviera que inscribirse en el anterior supuesto, entonces necesita una forma publicitaria lenta, de bajo alcance, dilatada, capaz de preparar un terreno en el que las casas se anticipan a la llegada de los robots preparándoles sus “cerebros”.

Álex asiste al divagar de Marie e interviene cuando la ve suspirar hóndamente, interpretando que ahí le daba espacio para no interferirle las cábalas. La idea de Placa padre es un concepto nítido para neologismo y figuración comercial. Un primer paso, toma nota mental, sería registrar el concepto. Definitivamente, JE20 es un producto que ofrece dos placas, una madre y otra padre, en un cómodo dispositivo móvil simple como un juguete, útil como un electrodoméstico, robusto como una máquina industrial y potente (en el sentido de generador de potencialidad) como un material educativo. Estas décadas se han incorporado los PC primero, los portátiles y móviles después, al decorado urbano. En esa familia el JE20 se presenta hijo pródigo. Un paso más allá de la línea de comandos, allende las escenas con ventanas; una organización de bots transferibles.

Alguien llama al despacho. Álex y Marie habían quedado abstraídos, delante de la pizarra, cada uno en sus miasmas, Lara abre la puerta, asoma la cabeza: “Tienes una reunión en cinco minutos…”, lanza una mirada entonces a Álex, haciendo gestos de finiquitar.

El hermano pequeño ha echo ademán de recoger, levantarse, marcharse. Su hermana le ha tirado del brazo mandándole esperar. Indica a Lara un gracias con las cejas; al que responde cerrando la puerta y enviando mensaje para avisar a la gente de la reunión de una demora de Marie. “¿Recuerdas cuando me explicaste el nacimiento de la web?”, Álex recibe la pregunta fuera de juego pero reacciona, “¡Sí, claro! En el corazón de Europa alguien creo el primer nodo y le plantó la primera web que decía…”. Marie, como publicista, estalla de ímpetu, Álex tiene que apartarse porque le embiste la energía; ella se levanta y, casi chilla, imitándose dentro del anuncio, a punto de cantar la frase gancho, el slogan: “¡Si me enlazas, estarás en la web!”. Ha hecho un arco con los brazos pintando las letras de la germinal frase en el techo. Álex atónito encaja, reacomoda su pensamiento, comienza a recoger, armando su maletín, buscando su chaqueta en la puerta, lanzando besos, con una sonrisa de oreja a medida que capta el sentido del slogan, abraza a su hermana, quedan los dos quietos en la puerta, Lara los ve, a dos metros, sentada en la recepción. Álex: “O sea, quieres dar a entender que el JE20 sea una especie de primer servidor para subir el primer bot. Una web no tanto de mensajes como fue la primera versión; ni de páginas de texto primero y multimedia (audio y vídeo) como fue la segunda versión; ni una web de “perfiles” de usuario como ha sido la tercera; una cuarta ola que anuncian cuarta revolución industrial en la que la red sirve de soporte psíquico al cuerpo hardware que el superindustrial anunciaba en la charla TED una vez resueltos los problemas de finitud energética y emisión de greengases a la atmósfera”. Álex no sabía en ese momento si lo que han sido los fósiles como petróleo para el mundo que ahora, por el peak oil, y por el punto de no retorno en el cambio climático, nos presenta desafío, ahora nuevo petróleo a buscar como posesos por la Tierra sería el litio o cualquiera de los otros materiales necesarios para crear las baterías que son el soporte básico a toda esta idea de una nueva generación de máquinas, o robots. En ese sentido, Marie, que asiente a su hermano, efectivamente cree que el producto da para una nueva burbuja de las punto com, igual como paso en el 2000 con la emergencia de internet, y ve muy palpable las etéreas nociones tanto de placa madre y robot (elemento del conjunto Aleph Hardware) como de placa padre y bot (elemento del conjunto Aleph Software). Acompaña a su hermano a la puerta de la oficina. Queda unos segundos oteándole bajar la escalera al parquing. Lara la chista, le muestra el calendario, y le apremia para que vuelva a sus obligaciones. La directora comercial de aquella agencia publicitaria tira de chi kun para respirar caminando por el pasillo, calentando las siete articulaciones, subiendo y bajando desde el rostro a las plantas de los pies, deteniéndose en el cuello, los hombros, los codos, las muñecas, la cintura, el sacro, las rodillas, los tobillos. Ya en su despacho, en apenas un minuto, ha dado carpetazo al tema de FEBER y está desempaquetando en su memoria presente los dimes y diretes del producto de la empresa con quien, se coloca el casco con auriculares y micro, abre sesión en la aplicación de mensajería…

Diagrama de objetos Typescript JE20.

Reunión 3 EPED

Cuando uno navega por la internet del mundillo devOps descubre un cierto aroma o rumor detrás de todo a poscontemporáneo. Por otra parte, el cierre o la reconversión o la gesta estoica de las impresiones que se mantienen, en general, del grueso del sector de prensa, la revolución digital, pasando de el papel a los dispositivos, en las últimas décadas, con ámbito global, ha sido de órdago y rezuma un cierto aroma o rumor detrás de todo de contemporaneidad. Domingo, cuatro de la tarde, la casa familiar, el foco en Martín y Álex, codo a codo en el sofá; pero en la casa discurren papá, mamá, y sus hermanados y respectivos. El jóven suele navegar por esa internet del mundillo; a veces más interesado en el desarrollo y otras interesado en las operaciones que se llevan a cabo con el fruto de aquéllos desarrollos. Por otra parte, Martín es uno de esos lectores que hoy día ya acepta, como quien da monedas en un quiosco, suscribirse y saltar el muro de pago. La relación en la que Álex y Martin conjugan su razón de época, siendo inversamente proporcional, sitúa a Martín creyéndose inmerso en una época veterana y viendo a Álex como se aventura a su exótero; y sitúa a este creyéndose inmerso en una época no nata o sí nata pero hace poco y viendo como su hermano mayor se razaga en el horizonte, se queda atrás en el camino. El engarce entre generaciones, que es una sustancia liminar de ambivalentes y correlaciones, funciona, en términos supra, como un pegamento capaz de sostener lo antiguo y adherirle lo nuevo.

Martín y Alex pelean acaloradamente defendiendo cada uno a su equipo y sus jugadores. Doña Plácida, abuela materna, en una esquina, juraría y daría fe, si se le preguntara, que esos dos discuten o de fútbol o de política; y, además, acolaría Plácida, no son del mismo equipo o partido. Ella los observa, haciendo ganchillo, en la distancia, en el otro extremo del salón, en su butaca. Martín ha nombrado a cinco super estrellas del mundillo de programación monolítica por todos sabido que dominada por los programadores de C, uno de los primeros lenguajes de programación de alto nivel en arraigar en la industria. Martín sabe que la primera de las cuatro ramas que vertebran el cuaderno cuarto del TFC de su hermano pequeño trata de, precisamente, un lenguaje de bajo nivel. Por ello cuando refiere a la legión de programadores de C sabe que estos son tan farsantes como los desarrolladores de la esfera devOps, si se comparan sus lenguajes con Ensamblador, que es un lenguaje máquina. Así Martín quiere presentar a su equipo y defender sus colores; enfrente, para acalorar la discusión, Álex nombra tres superestars del panorama dev y dos del ops, y centrará su hilo argumental en que la mayoría de desarrolladores de esa esfera lo son en javascript; pero, Álex aquí se moja y barre para su criterio, los de typescript son legión.

Si ponemos en una línea temporal el momento de nacimiento y el tiempo de permanencia en producción de estos tres (cuatro) lenguajes citados, son los que están pero no están todos los que son, el ejemplo se podría hacer con otros tres de los lenguajes mayoritarios, y situamos en esa línea temporal las masas de desarrolladores que en este medio siglo han escrito código en alguno de esos tres (o cuatro) lenguajes; un lenguaje máquina, un lenguaje de bajo nivel, otro de alto (y un super conjunto de tipado); vistos así en perspectiva, observamos cuatro épocas separadas por tres puntos, bien níditas. A saber:

Lenguaje máquina: Una programación pegada en la placa madre. Un código orientado a la máquina; instrucciones para mover la placa madre. Memoria binaria para guardar instrucciones o datos. No existe la idea de tiempo, solo de pulso; que ligado con la idea de “contador de programa” inicializa una cronología. El paralelismo, por la taxonomía de Flynn, alternando la unidad o multiplicidad de instrucciones y datos, será un rasgo patogonómico de esta escritura.

Lenguaje interpretado de bajo nivel: Una programación separada un cuerpo de la placa madre. Un código soportado en controladores o drivers. Generalización del concepto de placa madre para abstraerse de la máquina. Programación procedural, orientada a objetos y relacional. La idea de tiempo es eminentemente sincrónica; todavía vinculada a la placa madre y su pulso de reloj, el paralelismo multihilo mutará a sistema de mensajería pub/sub. La idea de paralelismo en la que Alice viaja desde Barcelona a Madrid para entregar a Bob una carta se está comparando aquí con la idea asíncrona de que Alice entrega la carta en la oficina postal y esta aparece en el buzón domiciliario de Bob. La idea síncrona de que Alice y Bob tengan que arreglar un día para coincidir físicamente en un sitio y un momento determinado y hacer la entrega de la carta; comparada con la idea asíncrona de incorporar un sistema de correos que mezcla el correo en unos circuitos para despachar las cartas enviadas.

Lenguaje interpretado de alto nivel: Una programación etérea o virtual muy alejada de la placa madre. Un código líquido y versátil; datos esquematizados no racionalmente. Programación funcional. Eterna necesidad de “volver” al lenguaje tipado, sensación constante de código inestable. Esta programación no parte de la base que está corriendo en una placa madre. No tiene en mente gestionar ni su reloj ni su memoria. Se presupone una máquina virtual en algún lugar (ya dentro de un navegador, ya dentro de una aplicación).

El principal argumento de Martín, en este último lance, como quien defiende que sí hubo penalti, le lleva a poner un ejemplo, por concretar, y ahora está con el dedo alzado, incorporado con la espalda separada del respaldo, enunciando la pullita sobre el uso de la memoria, de cómo los programadores de C son pulcros y refinados en su gestión mientras que en contra, aquí increpa señalando a Álex, de los programadores de Javascript que meten código boilerplate sin miramientos y ni siquiera saben qué es un dispose. El hermano pequeño se ofenderá y gritará (a modo que doña Plácida tendrá que llamarles la atención para que moderen en la discusión) que no ha sido penalti. Por supuesto, le refutará al hermano mayor, sí sabe que es un dispose y añadirá que él no tiene la culpa de que el lenguaje traiga un colector de basura incorporado. El trabajo terrible de los programadores de C en no olvidarse un solo objeto sin destruir comparado aquí con la ligereza y casi futilidad de los programadores de Javascript. Martín saca, y es de últimas, asegura, ya tiene ganas de cortar la conversación, son las cinco de la tarde, llevan más de una hora de cháchara, Martín mostrará el caso de las Arrays Sparse que no guardan memoria para los elementos no presentes.

Álex no perderá ocasión y agarrá al vuelo el pase de gol que le pasa Martín tomando el tema de los Arrays Sparse para, también él está cansado de charlar, enseñar demo del cuaderno cuarto de su TFG. Sacará del móvil una implementación como secuencia y otra como árbol binario; en un editor de código ligero. Ha estado trabajando en ellas. Martín toma el teléfono para ver de cerca qué le enseña Álex. Ojea este objeto de aquí y aquella referencia de allá. Busca la implementación de esto o la declaración de aquello. Identifica el punto de arranque y los distintos casos de uso. “Entonces, ¿esto…?” va murmurando, “¿es implementar estas tablas autocompactables con una secuencia y con un árbol?”. Ambos se han puesto de pie. Se están aproximando donde doña Plácida. “Nenes,…”, les reprende, “… parecéis bobos tan mirando el teléfono”.

Sparse Array: secuencia, árbol

Reunión 4 PREDA

Todo iba bien, entre la publicista y su cliente, que, en este caso, eran hermanos, aunque Álex en el despacho representara menos a un miembro de la familia que a un alto cargo de FEBER, igualmente, ella, tampoco en el rol de hermana, Marie y Alex, acaban, en otoño, una nueva sesión para la creación del spot televisivo de 20 segundos. De repente Álex a bocajarro y sin miramientos expuso lo que él creía eje, axioma y virtud de su producto. Le parecía bien que el JE20 se comercializara como parte Aleph Hardware del producto. Y, sin embargo, la idea de que una Placa Madre física que maneja procesadores y memorias tenga un dual en una Placa Padre como máquina virtual capaz de ejecutar código. El éxito, se sabe en el mundillo devOps, de la web ha sido que la V8 de Google se incorpora muy bien en cualquier sitio a diferencia de máquinas más enormes y poderosas como la de Java. Una máquina virtual es una Placa Padre que los agentes de la red instalan en sus estructuras digitales para, así, disponer de capacidad de ejecución. Esa idea debía aparecer en el anuncio.

Marie, ha chocado frontalmente con Álex cuando este ha dado el giro de foco, queriéndose zafar de cualquier aspecto relacionado con el producto hub basado en RPi denominado comercialmente Jardín del Edén 2.0; para la publicista el cliente está tratando de extender una dimensión que de por sí estaba cerrada. Álex expone la idea de al menos cinco entregas digitales de civilizaciones bot predefinidas.

Para el informático la solución de continuidad es clara: por una parte se comercializa el elemento del Aleph Hardware, en este caso el JE20, como hub virtual, y, seguido, se comercializan los elementos del Aleph Software para ofrecer funcionalidad y servicio. Por tanto, dedicarle una porción de tiempo al estudio de cómo incorporar las cinco entregas predefinidas parece razonable.

Al final, las alarmas y notificaciones en el escritorio, algunas en la pantalla, otras en los relojes, otras en los teléfonos… distintos eventos han ido saltando de los respectivos calendarios una vez que la hora de sesión, sesenta minutos contantes y sonantes, ha concluído. Marie comprende el concepto y, con ganas de acabar, ha garabateado un plano para dos segundos que pegar al final (“¡¡ni un segundo extra se añade por esto!!”, se promete para sus adentros)… los cinco DVDs, Vinilos y DigiPack correspondientes a cada una de las civilizaciones predefinidas formando un círculo y el típico rótulo de oferta: “Adquiriendo los 5 de golpe, descuento del 50%”…

Para del todo acabar la reunión, Marie anota en la agenda para la próxima sesión: “Concretar, sin mucho detalle, cinco portadas para predefinidos”. Álex, que casi no ha tenido espacio para este tema, siente un pinchazo de ansiedad, sabiéndose obligado a acudir a la próxima sesión con las cosas bastante más claras de lo que ahora las tiene.

Por saber, para definir las cinco civilizaciones, Álex recita que se basan en cada uno de los cinco famosos y pedagógicos algoritmos de PREDA:

Lara despidiendo al hermano de su jefa, en la puerta de la oficina, agurada a que baje las escaleras para volverse a la recepción. A Álex en el párking, armándose para conducir una dos y medio de paseo, imitación coreana de Harley, menos le ha importado hasta la fecha ocuparse de los perfiles y materiales que caracterizan a cada una de las cinco civilizaciones como red genealógica a partir de los bots de Adán y Eva, reproduciéndose en sucesivas generaciones; menos le ha importado este “aspecto” o “centro de interés” o “hilo” de las civilizaciones como la idea de poder crearlas.

Ya arrancó y subió las cuestas, dejando atrás la oficina, encarando hacia la principal para atravesar de punta a punta la ciudad y salirse por la nacional a provincias.

Ahora conduce, y suspende sus pensamientos, ocupándose de ejecutar el rol de conductor. Lo hace lo mejor que puede, sabiendo que va su vida y la de otros en juego. En el rancho, en su cochera, le aguarda la versión beta de un Lanzador de Algoritmos JE20, una placa padre, una máquina virtual para correr en hub JE20, y gestionar civilizaciones de bots.

Deberá extraer esa versión beta de su entorno de desarrollo, empaquetarlo y aislarlo en un nuevo entorno de desarrollo ya no tanto ocupado en crear la máquina virtual, sino de usarla y testearla.

Suena una notificación. En el casco lleva instalado audio, el móvil le recita: “Nuevo twitt: el departamento de la UNED encargado de PREDA anuncia una aplicación web para el visionado de algoritmos”. “Desplegar”, le dice al micro Álex. La voz de la asistente virtual recita: “http://atlas.uned.es/ VGA… Un entorno genérico para la visualización del funcionamiento de los algoritmos”. “Marca como importante, cerrar”.

Otras ideas le hierven juntas y lentamente las ha ido serenando. Al menos, lo que dure la conducción, todos los recursos corporales y toda su atención ocupada en pilotar. Por ejemplo, la formulación de avatar como identidad adicional a las ya normalizadas de identidad nacional e indentidad fiscal, debe regirse por los mismos principios que se rigen estas. Siendo esta indentidad, aunque pública, también kilómetro cero para la privada. El hecho de que en las comisarías estén emitiendo carnés de identidad dotados de carga digital, hechos consumados en la época, sin importar si el escritor, en este caso, mero narrador de las cábalas de Álex, e, incluso, obvio, sin importar si Álex está de acuerdo o es más fan o menos. Producto de la época con el que lidiar de forma más o menos nesciente. Siempre se ha dicho que es conveniente aprovechar la fuerza del enemigo asumiéndola en lugar de oponerse firme para presentar choque.

Como fuere, y con evidencia, dentro de dos décadas habrán, en un supuesto, dos ciudadanos usando estos avatares sin saber muy bien si quien conversa supera o no una prueba del test de Turing. Es decir, sin saber si hablan o no con una máquina.

Ignoro si los procelosos territorios de contrucción semántica forman parte integrante de ese conjunto de ilustraciones que una vez se le pedía al pueblo que acompañara con los pasteles para el desayuno cuando faltara el pan de cada día.

Ignoro si cuando este evento suceda en el planeta, y se comercialicen robots al precio de un automóvil, la Opinión Pública tendrá un sistema de si no gestión, sí de defensa, preparado para lidiar con aquellos bots recubiertos de maquinaria que llamamos robots especial inclinados en quebrantar las leyes fundamentales de Asimov.

¡Alerta, alerta, alerta! Gritó un poeta en un puente. Otro poeta chilló bajando una montaña: “¡Ha muerto, ha muerto!”.

La advertencia sale de Álex como un grito sordo, mitad ansiedad mitad consagración a la idea feliz. Siente una inerrefrenable ansia por ir al mercado a gritar la mala nueva.

Un camión de cementos transporta carga completa en una cubeta abierta en la parte superior. Levanta metro y algo del suelo. Ruedas gigantes como de supergiant. Álex se dispone a accidentar su motocicleta y acabará despedido debajo del camión. La atención para pilotar el vehículo ha sido eclipsada en tal grito de advertencia, que venció equilibrio y chocó estribo de custom con rueda de camión.

La circulación es lenta, en caravana, y permitirá que el cuerpo del Álex salga ileso (rotura de tibia y peroné en una maja fractura abierta deseosa de infectarse).

Una ambulancia de quince minutos por viaje, dará con los huesos rotos en el Hospital del Mar. La motocicleta debidamente depositada por la grúa municipal en el depósito. La agenda de Álex para los siguientes meses o trimestres, cleared!

**

Las asistencias de urgencia dieron paso a una estructura de tornillos y andamiaje más o menos estable. En la segunda semana se produjo el evento de la infección por virus común Marsa. En la séptima semana, todavía con la estructura desde el muslo al talón, le acompañaría los próximos tres meses, la pierna en ristre, pero ya en domicilio, Álex tuvo cuerpo de atender las llamadas apelotonadas en el contestador y los buzones; y suspender todo proyecto solicitado, todo hito en el calendario.

El día uno del segundo mes, ocho semanas tras el punto de crash, Álex, en su laboratorio, entrena un sistema de dictado para editor de textos. En casa, en Tenerife. Quedan dos semanas para retirar el armatoste y recuperar esa potencia de “andar” perdida hace meses. La prueba, una rehabilitación muscular incluída, será terrible. Periplo absorvente que deberá ejecutar triunfal si quiere evitar que su agenda ahora suspendida no se convierta en una agenda de anulados.

En la tumbona, radio3 sonando de hilo musical muy bajita, ha encendido un JE2.0 que está bajo el televisor entre el router y la barra de sonido. “Listar Hespérides…”, la voz de Yolanda Díaz, político de UP, sampleada como textura del asistente virtual lista una serie de Manzanas. Por cada una anuncia: nombre, título y entradilla.

Cuando llega a la que titula: “Y se hizo la luz 2 punto cero”, interrumpe y ordena: “Pasar a modo caída”. En unos segundos la voz sampleada de Smith, político de Vox, carecterizada a modo de bot guía, con tono neutro: “Bienvenida al día 34 del Mundo. Este mundo funciona con la franja horaria UTC +1. Actualmente lo pueblan nueve generaciones, siendo la cuarta la que mayor número de bots tuvo vivos simultáneamente, siendo este un total de cuarenta y tres; fallecidos ochenta y dos; programados para nacer en la próxima semana, siete.”

Álex, apuraba el mate desoyendo el mensaje, cuando acaba: “Telefonear a Bartleby, pedir reunión…”; la voz de Smith en el asistente: “¿Bartleby, qué Bartleby, el escribiente?” Aguardará una confirmación pero un timeout saltará en segundos… “En seguida le paso la llamada…”

Álex se sale de la tumbona, y, antes de dirigirse al escritorio, preparándose para dar buena cuenta de los kits de interactuadores que ha ido preparando para provar los módulos de dictado por voz, pasa por la despensa a por tapas (olivas, frutos secos, algún entremes), sirve algo para beber, activa el módulo de voz. Regresa a la tumbona, vuelve a acomodarse en la horizontal.

Timbre y Smith desde la barra de sonido: “Tengo la llamada con el escribiente. Te la paso…” En segundos, un bot: “Hola, Álex. ¿Qué tal, me llamabas? Estaba viendo el capítulo de la serie the West World donde sale Anthony Hokings, ¡increíble!, ¿sabías que puedo escaparme de este mundo y hacerte la vida imposible en ese mundo desde el que llamas…?”… Álex desoye esta perorata enfrascado en descubrir si el sistema de audio funciona y Bartleby le oye nítido y claro.

Le informa a su bot escribiente de que va a dictarle y le ubica en la hoja en que quiere que lo haga. “¿Estás listo?” pregunta el humano. La voz sampleada de Richard Stallman, arquitecto de software, que es la voz muestreada del avatar del escribiente, responde afirmamente.

La cámara se retira de la estancia en un travelling que va remontándose en altura, vemos el techo del bungalow donde Álex se dispone a sesión de dictado, luego lo vemos en el confín de la parcela, luego de la isla y, al fin, cae telón, entran créditos finales, suena la pieza de cierre.

FIN